
"Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él"
(1 Juan 4:16).
(1 Juan 4:16).
Se cuenta una vez de una mujer que solía parar para tomar café, todas las mañanas, en la casa de su padre, en el camino para el trabajo. Su padre siempre hacía pastelitos dulces para ella, pues, no anhelaba que fuese a trabajar con el estómago vacío. Un día ella durmió un poco más y no tendría tiempo para parar en la casa de su padre. Antes de salir de casa, ella le telefoneó diciendo que estaba atrasada y no podría pasar a su casa, pero prometió que estaría allá en el día siguiente. Su padre quedó dolido. Cuando se dirigía para el trabajo, ella dobló la esquina próxima a la casa de él, vio una figura que se distinguía en medio del frío y la lluvia. Era su padre. Él la estaba esperando, con una bolsa en la mano, porque quería saber de que ella tendría sus pasteles.
Muchas veces, por varios motivos, dejamos de ir a la casa de nuestro Padre. Dormimos demás, estamos cansados, hace mucho calor, el día está lluvioso, tenemos otro compromiso... Pero el Padre siempre nos está esperando. Él nos ama, nos quiere alimentar bien, anhela que estemos junto a Él, tiene placer en abrazarnos y proteger, se pondrá muy feliz en hacernos felices.
Cuando dejamos de ir a su casa Él se queda triste. Pero jamás nos abandona. En el camino para el trabajo Él está próximo para guardarnos. Si estamos desanimados, Él nos consola y estimula. Si la prisa del mundo no nos deja tiempo para estar con Él, mismo así nos espera con una bolsa de pastelitos de bendiciones. Él es amor y, por amor, tiene siempre lo mejor para cada uno de nosotros.
Que jamás nos alejemos de la presencia de nuestro Padre. Él está siempre nos aguardando. Tiene bendiciones maravillosas para nuestra edificación espiritual.
¿tienes tu saco de bizcochos diariamente?


















