sábado 14 de junio de 2008

...y salió, sin saber donde iba.

...y salió sin saber a dónde iba.
Hebreos 11:28



- El creer sin ver, es fe.
- Cuando podemos ver, entonces no es fe, sino raciocinio.

Al cruzar el Atlántico observamos este principio esencial de la fe. No se ve senda alguna sobre el mar, ni señales de la costa. No obstante, día tras día los marineros marcan la ruta sobre el mapa de navegar, con la misma exactitud que si ellos hubiesen seguido una gran línea marcada con tiza sobre el mar.

Y cuando ellos se encuentran a unas veinte millas del punto de desembarque, saben dónde están, con la misma certidumbre que si lo hubiesen visto todo a tres millas delante de ellos.


¿Cómo hubieron podido ellos medir y señalar su itinerario? Diariamente el capitán tomaba sus instrumentos y miraba el cielo, marcaba su ruta por medio del sol. Él navegaba guiado por lo celestial y no por las luces terrenales.

Así también, la fe eleva su mirada y navega hacia delante, guiada por el Sol majestuoso de Dios, sin ver la costa o el faro terrenal o senda en su camino. A veces sus pasos parecen conducir a la incertidumbre y aún al desastre y la oscuridad, pero Él siempre abre el camino y a menudo convierte las horas de la media noche en las mismas puertas del día. Caminemos hacia delante en este día, sin conocer, pero confiando.


“El esperar en Dios nos lleva mas rápidamente al término de nuestro viaje que nuestros propios pies.”